Capítulo 3
(Sonidos)
9/abril/1974
Un fuerte silbido retumbaba mi cabeza, el dolor era exagerado, la luz era molesta. Al abrir los ojos lo primero que vi fue al joven encargado de vigilar las plantaciones, pasaba suavemente una toalla por mi cabeza y orejas, estaba demasiado aturdida, me levanté de golpe no sabía que eran todos esos ruidos, la soledad de la única voz que podía escuchar en mi cabeza se había acabado. Mis oídos sangraban, pero no sentía dolor, solo no comprendía que era todo esto, tal vez me había vuelto loca tras el fuerte golpe, tal vez sí, quizá en un rato me calme y vuelva a la normalidad.
El joven seguía haciendo señas preguntándome
si me sentía bien, pero yo seguía inmersa en esta nueva sensación
incomprensible para mí, el joven puso su mano en mi hombro y yo pegué un brinco,
le hice rápidamente algunas señas de que estaba bien, que solo estaba algo
mareada.
Tras él a algunos metros estaba ella
mirándome, tenía un gesto de preocupación, el joven caminó hacia ella, sacó su
látigo y empezó a corregirla como decía el padre Odlainer, pude escuchar los
sonidos que emanaba aquella mujer por el dolor y el ruido del látigo golpeando
su espalda; empecé a sentir unas ganas incontrolables de llorar, sin pensarlo
corrí y agarré el brazo de aquel joven para que se detuviera, estuvo a punto de
corregirme a mí también, pero se detuvo, su mirada me transmitió este
sentimiento que tal vez solo se siente una vez en la vida; logré que se
calmara, dejo ir a aquella mujer le hice entender que solo estaba ahí para
saber cómo estaba, en el fondo sabía que yo le preocupaba.
Al estar sentados en unos troncos el seguía
examinando mi nuca, quería ver que no tuviera nada grave, en ese momento surgió
un sonido de mi boca, algo que jamás había experimentado, algo que haces por
mecanismo, por primera vez escuche mi voz, en ese momento no sabía que había
hecho, así que me asuste demasiado, no pude aguantar más, exploté y me tire al
suelo tocando mis orejas, cada sonido retumbaba en mi mente, las aves, el
viento, la voz del joven murmurando oraciones repetidamente, en ese momento el
corrió a mí a levantarme, yo solo le hacía señas haciéndole entender que tenía
algo en mis oídos, el solo me sentó intentando calmarme, no podía tranquilizarme.
Al cabo de media hora por fin pude recuperar
la compostura, el joven solo me veía con curiosidad, cuando por fin pudo
reaccionar, continuo:
(En lenguaje de señas)
-''Estas tranquila, ahora dime que sientes.
Yo intentaba hacerme entender, haciendo
movimientos de ondas hacia mis oídos, yo sabía que él había entendido, pero no quería
aceptarlo, dijo al tiempo que hacía señas:
-''Mi nombre es Aidan, por ahora nadie puede saber que estas escuchando así que
por favor se discreta, ven a este lugar todas las noches te enseñare a hablar''.

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